¡Tenemos el mejor clima del mundo y un duende en La Isleta!
Las Palmas de Gran Canaria. ¡Señores, tenemos un duende…! Tener un duende en una población como la nuestra es un motivo de atracción turística tan interesante como la Semana Santa españolísima de Sevilla o las fiestas falleras, de sensual algarabía agarena, de Valencia. La curiosa y pintoresca historia del duende de La Isleta tiene sus antecedentes. En una de las once mil calles de aquella espesa y popular barriada vivió, hasta hace cinco meses, un matrimonio con dos hijas, menores de edad. Hace unos diez meses, murió la madre, y poco después el viudo, con sus dos hijas, se trasladó a la calle Cuarta número 149.
Josefa, la mayor de las hermanas, se casó hace unos días con su novio de hace dos años. Con luto aún, la familia festejó el enlace en íntimo ambiente.

Luna de miel, luna de hiel
En la casa comenzó una luna de miel agitada, inquieta de acontecimientos inesperados, desagradable de coincidencias en apariencia misteriosas que comenzaron a manifestarse al día siguiente de la boda. El interior de la casa es donde el duende de La Isleta ha venido realizando las travesuras que son propias a todos los individuos de su género. Inesperadamente cayeron al patio, sobre unas flores, algunas piedras de tamaño corriente, un ladrillo que desloma a un Hércules, y algunos vidrios. Siguieron cayendo objetos, una lluvia de botellas de cerveza, y hasta una de coñac.
El guardia de Asalto que no creía
El pánico y la angustia de las muchachas fue en aumento, y el sábado por la noche la autoridad envió varias parejas de guardias de asalto. El público aglomerado en las calles cercanas era inmenso. Parece que en el interior montaron guardia algunas parejas de asalto con tercerolas. Uno de éstos —nos relata Josefa Artiles— no creía, y hasta afirmaba que eran ellas.

En la casa había varios vecinos, entre ellos un maestro barbero, que vive enfrente, llamado Juan Medina Santana que asistió con cierta calidad de técnico pues estuvo diez años en la Argentina y allí practicó las doctrinas espiritistas. El señor Medina Santana conversó especialmente en su visita con la menor de las hermanas, que tiene unos ojos extraños. Largos, almendrados, de color verdoso, ponen a su expresión morena-pálido un aire no normal, con respecto a los ojos corrientes. Y estimó que la chica tenía evidentes facultades de médium, siendo ella la promotora indirecta de los acontecimientos.
En la tardecita de ayer, cuando menos se esperaba, un gran arco de agua se abrió sobre la calle y cayó pesado sobre los grupos. Se produjo una desbandada en algarabía, como de pájaros apedreados en un zarzal. En la casa quedaron algunos guardias municipales y en la calle varias parejas de la guardia de asalto.
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