Las disidencias del partido socialista, ¿ponen en grave riesgo la estabilidad del Frente Popular?
De nuestra corresponsal en Madrid. Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero son dos enemigos íntimos en el seno de un partido que ambos aspiran a controlar. La revolución de octubre de 1934, que fue mal planificada y peor ejecutada, tuvo un alto coste para las personas implicadas, pero la represión por parte del Gobierno del Partido Radical y la CEDA logró reunir otra vez a toda la izquierda en el Frente Popular.
Largo Caballero ya había adoptado una postura radical y revolucionaria. Aboga por la dictadura del proletariado y rechaza colaborar con los partidos burgueses republicanos. Prieto defiende una vía reformista y parlamentaria, cree que el socialismo debe consolidar la democracia republicana mediante alianzas con la burguesía liberal (como Manuel Azaña) antes de intentar cambios más profundos.
El comienzo de las divergencias
Antes de las elecciones del 16 de febrero sólo era posible adivinar la divergencia a través de los semanarios Claridad y Democracia. El primero quiso representar el sector izquierdista representado por Largo Caballero. El segundo era el órgano ortodoxo socialista, orientado por Prieto. De vez en cuando, una «chivatada» de uno u otro semanario dejaba entrever la pugna. La hegemonía de los órganos directivos cubría, entretanto, la herida provisionalmente y continuaba la unidad aparente. Con todo, en secreto, las voces señalaban que en el partido había una escisión.
Tras la victoria del Frente Popular, Azaña quiso que Prieto presidiera el Gobierno. Sin embargo, la facción de Largo Caballero lo vetó, impidiendo la formación de un gobierno fuerte liderado por socialistas moderados.
¿Quién tiene la verdadera fuerza?
La incógnita está en saber quién tiene la verdadera fuerza. La Comisión Ejecutiva del partido está ahora dirigida por Prieto, pero la minoría parlamentaria socialista está dirigida por Largo Caballero. Prieto está acompañado por los antiguos militantes. Largo Caballero, en cambio, tiene en su mano a las organizaciones llamadas de la U. G. T., o sea, la masa de la que se compone la mayoría del partido. Un Congreso socialista que debía celebrarse el día 29 de este mes para liquidar el movimiento de octubre y resolver la discordia, pero fue aplazado.
Cuando reapareció El Socialista, el ejecutivo del partido determinó la desaparición de los semanarios Claridad y Democracia. Con todo, Claridad, orientado por Largo Caballero, se convirtió en diario.
El panorama político
Esta lucha interna no tendría importancia si no fuese el partido socialista el más fuerte, por no decir el único, que justifica el Frente Popular. En la coalición partidaria que determinó el triunfo electoral del 16 de febrero, el socialismo tiene la parte más importante: masa y organización. Las demás fuerzas no dejaron de reconocer que, por sí mismas, no eran más que simples intermediarios sin tradición ni responsabilidad, aunque algunas, como la Jefatura por Azaña, tuviesen una pujanza más circunstancial que efectiva.
La cuestión es si las divergencias de tácticas que separan las dos tendencias comprometen el pacto del Frente Popular. Es cierto que el grupo centrista orientado por Prieto, consciente de su responsabilidad, defiende diariamente la aplicación del programa del Pacto, mientras el grupo de Largo Caballero se desborda en conflictos sociales, que se salen del campo de las reivindicaciones para entrar en el prolegómeno revolucionario. En el Parlamento, la unión es aparente, pero en la calle el Frente Popular está prácticamente deshecho desde hace mucho tiempo.
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