LA VOZ DE LA MEMORIA

El periódico digital de 1936

10 de julio de 1936
10 de julio de 1936
Sociedad de Naciones

Salvador de Madariaga renuncia a seguir representando a España en la Sociedad de Naciones

Explica que se debe a la filtración a la prensa, por parte de una agencia, de su exposición en una reunión de neutrales y su posterior "desautorización del ministro de Estado, Augusto Barcia"
Salvador de Madariaga renuncia a seguir representando a España en la Sociedad de Naciones
Salvador de Madariaga
Por C. Marrero

Ginebra. Nuestra corresponsal en Suiza, Carmen Marrero, nos hace llegar una nota de Salvador de Madariaga, representante de España en la Sociedad de Naciones, en la que explica sus razones para renunciar a dicha representación. Tras conferenciar con el presidente del Consejo, Santiago Casares Quiroga, ha hecho públicas estas palabras que transcribimos:

«Me limitaré a hacer constar que tengo a la disposición de los jefes del partido la documentación necesaria para establecer los puntos siguientes:

1º. La reunión de los neutrales, convocada el 9 de mayo simultáneamente por España y Dinamarca, tenía por objeto el estudio de la reforma, si no precisamente del Pacto, sí de la Sociedad de Naciones, y a tal fin celebré las entrevistas de rigor con el entonces presidente del Consejo, Manuel Azaña, y con el ministro de Estado, Augusto Barcia.

2º. Al llegar mi turno, la exposición que hice ante nuestros colegas neutrales se ajustó a esta preparación, y ellos expresaron su deseo de tener una versión escrita de dicha exposición.

3º. Comuniqué este deseo, y mi intención de complacerle, al ministro de Estado el día antes de poner manos a la obra, redactando la nota en el sentido que se desprendía de mis conversaciones en Madrid y telegramas al ministro.

4º. La remití inmediatamente al ministro por vía aérea en cinco ejemplares, acompañados de despacho oficial, al que el ministro contestó que se había enterado con interés. Por precaución elemental, visto el estado todavía rudimentario del trabajo, prohijé la nota para dejar al Gobierno la mayor libertad de movimiento.

5º. Se distribuyó a las siete potencias neutrales y a un cierto número de delegaciones a quienes, por cortesía, no se podía negar, dadas las circunstancias de cada caso. Pero ignoro cómo y cuándo el texto fue a dar a manos de la agencia que lo publicó.

«Solo deseo añadir mi fe, más firme que nunca, en la Sociedad de Naciones, única forma de convivencia internacional que puede salvar al mundo de una catástrofe»

Teniendo esto en cuenta, la reacción de la prensa y del Partido Socialista se han posicionado en contra del procedimiento sobre una base inexistente y, por lo tanto, no exacta. En cuanto al fondo de la política que indica la nota, no es a mí a quien toca discutirlo, sino al Gobierno. Estoy, no obstante, a completa disposición de los jefes de los partidos por si estiman útil mi opinión.

«Objeto de ataques»

Tampoco deseo juzgar los ataques de que he sido objeto por parte de la prensa. Me limito a declarar que en estas condiciones no estoy dispuesto a seguir al servicio del Estado.

Jamás he servido al Estado antes de venir la República. Ceso, pues, al cabo de cinco años de servicios que yo no solicité: en abril de 1931 era profesor de literatura, cuando el Gobierno, sin consultarme, me nombró embajador en Washington. Y desde abril de 1934 vengo continuamente sirviendo como delegado permanente de hecho en Ginebra. No tengo nombramiento, ni cargo, ni sueldo, ni despacho, ni secretaria, ni archivo. No tengo más que mi buena voluntad.

No puedo dimitir puesto que no tengo de qué dimitir. Por ello renuncio a lo único que tengo: el honor de servir al Estado de una nación que fue grande y que volverá a serlo si así lo quieren los españoles.

Solo deseo añadir mi fe, más firme que nunca, en la Sociedad de Naciones, única forma de convivencia internacional que puede salvar al mundo de una catástrofe, y mi agradecimiento a mis colaboradores de estos cinco años».

Tras facilitar la nota, Madariaga ha explicado que su renuncia ha sido motivada «por una incorrección del ministro de Estado, Augusto Barcia. Me sentí desautorizado por la nota que él redactó a raíz de aquella reunión».

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