El automovilismo se viste de luto: Marcel Lehoux cae en el circuito de Deauville
Deauville. La alegría que reinaba en la inauguración del nuevo circuito urbano de esta ciudad balneario se ha tornado esta tarde en una profunda tragedia. El destino, siempre caprichoso en este deporte de caballeros y máquinas, se ha cobrado la vida de uno de nuestros más ilustres volantes: Marcel Lehoux.
Transcurría la vuelta vigésimo séptima de la prueba internacional de Grand Prix bajo un sol radiante. Los espectadores, agolpados tras las vallas de madera, presenciaban una lucha cerrada entre los hombres y sus mecánicas. Fue entonces cuando, en una de las secciones más comprometidas del trazado, el destino tendió su emboscada. El ERA azul de Lehoux y el Alfa Romeo del italiano Giuseppe Farina se tocaron a gran velocidad en una maniobra de adelantamiento.
El choque fue brutal. El monoplaza del corredor argelino-francés salió despedido, volcando con violencia antes de quedar envuelto en una pira de llamas alimentada por el combustible. Farina, milagrosamente, resultó ileso tras una espectacular salida de pista, pero para nuestro querido Marcel ya no hubo esperanza. Los servicios de socorro poco pudieron hacer ante la magnitud del incendio; el bravo piloto falleció en el acto, víctima del impacto y del fuego.

El fin de un caballero de la velocidad
Marcel Lehoux no era un corredor cualquiera. Representaba la esencia del piloto privado que, con su propio esfuerzo y fortuna labrada en el norte de África, plantaba cara a las todopoderosas escuderías oficiales. Su nombre quedará unido para siempre a la gloria de Bugatti, marca con la que cosechó laureles en Argel, Casablanca y Pau.
Una leyenda
La carrera continuó, pues así lo exige la ley no escrita del motor, resultando vencedor Jean-Pierre Wimille. Sin embargo, no hubo champán ni vítores en el podio. El silencio que ahora recorre los boxes de Deauville es el tributo más amargo a un hombre que vivió por y para la velocidad, y que ha encontrado su meta final bajo el cielo de Normandía.
Mañana, las banderas a media asta en los clubes automovilísticos de París darán el último adiós al caballero de Argel. Francia pierde a un hijo valiente; el automovilismo, a una leyenda.
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