LA VOZ DE LA MEMORIA

El periódico digital de 1936

27 de julio de 1936
27 de julio de 1936

Crónica del fracaso de la sublevación en Valencia

Dos días antes del alzamiento ya se tenían noticias de la inminencia de un golpe militar y las fuerzas políticas, militares y civiles se prepararon para ello
Crónica del fracaso de la sublevación en Valencia
Barricadas en las calles del centro de Valencia
Por I. Perera

De nuestro corresponsal en Valencia. La capital de la región valenciana, uno de los bastiones de la República, lo sigue siendo gracias a que, días antes del alzamiento, en los centros oficiales y políticos ya se tenían noticias de la inminencia de un golpe de fuerza militar.

En el Gobierno Civil y en todos los partidos del Frente Popular se tomaron las precauciones oportunas. Tanto es así que todas las noches, desde el 16 de julio, dos días antes del levantamiento, los afiliados y simpatizantes de los partidos implicados en el Frente Popular permanecieron de guardia en sus respectivos destinos.

El día 18 llegó una confidencia que alertaba de la presencia en la ciudad de un general que venía a ponerse al frente del movimiento insurreccional por lo que se efectuaron numerosas detenciones de elementos fascistas y algunos militares

En grupos de cinco individuos, numerosos miembros de los mencionados partidos vigilaban constantemente por las calles de la ciudad, especialmente los alrededores de Capitanía General, establecida en la Plaza de Tetuán, que tiene situados muy próximos a ellos los cuarteles de Artillería e Intendencia Militar.

El Gobierno Civil, por su parte, permaneció en guardia permanente, teniendo a sus órdenes a los jefes de la Guardia Civil, al comandante de las fuerzas de Asalto y Seguridad y a los Comités directivos de los partidos del Frente Popular.

La noche del 17 de julio

Según hemos podido saber, la noche del 17 de julio desde el Gobierno Civil se tomaron decisiones que favorecieron que Valencia no cayera en manos sublevadas.

Por ejemplo, efectivos de Asalto y Vigilancia y la Guardia Civil realizaron, desde las diez de la noche, visitas a todos los cuarteles de la guarnición. Mientras, las fuerzas populares de los partidos republicanos y los obreros intensificaron su actuación de vigilancia, secundando a los guardias de Asalto.

Luces encendidas y vigilancia extrema

Las luces de la ciudad permanecieron encendidas toda la noche y los grupos vigilantes aumentaron de manera considerable. Además, fueron requisados numerosos automóviles, e incluso cuantiosos taxis prestaron servicios voluntariamente a las autoridades y fuerzas que se los requerían. Por lo que pudieron recorrer la ciudad durante toda la noche, vigilando especialmente los cuarteles de Ingenieros y de Caballería número 7, sobre los que, según las confidencias, había mayor peligro.

También se vigilaron los domicilios de diversos militares, dando como resultado la detención de dos oficiales del Ejército y un capitán de la Guardia Civil. Tras estas detenciones, aumentó el servicio de carreteras ante la noticia de que llegaba hacia Valencia un vehículo procedente de Castellón, sin matrícula y con elementos de la conspiración militar, que en cuanto fueron localizados, también fueron arrestados.

Presencia de un general en la ciudad

El día 18 de julio, marcado desde entonces en el calendario, fue absolutamente normal, a pesar de las informaciones que iban llegando desde el Ministerio de la Gobernación y las captadas de las emisoras de Sevilla y de Ceuta.

Hasta que llegó otra confidencia que alertaba de la presencia en la ciudad de un general que venía a ponerse al frente del movimiento insurreccional. Rápidamente fueron movilizadas las fuerzas civiles del Frente Popular, y se efectuaron numerosas detenciones de elementos fascistas y algunos militares.

Armamento de las fuerzas civiles

Ese día, el Frente Popular, constituido en sesión permanente, celebró una sesión ordinaria, presidida por un capitán de la Guardia Civil, que traía de Madrid órdenes concretas del Gobierno para el armamento de las fuerzas civiles del Frente Popular.

Durante esa tarde llegaron numerosas camionetas de los pueblos de la provincia con campesinos que se concentraron en la ciudad para recibir órdenes y armas. Puede decirse que las fuerzas republicanas y proletarias en Valencia están francamente militarizadas y dispuestas para cualquier eventualidad.

Y así han seguido pasando los días y Valencia se mantiene firme, convertida ya en bastión y fortín de la República.

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