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El periódico digital de 1936

30 de julio de 1936
30 de julio de 1936

Oviedo bajo el fuego de la dinamita: la ciudad queda cercada por los mineros

El sublevado coronel Aranda se ha hecho con puntos estratégicos como el Cuartel del Milán, la catedral y la zona del Ayuntamiento
Oviedo bajo el fuego de la dinamita: la ciudad queda cercada por los mineros
El coronel Antonio Aranda
Por J. Pedrosa

Gijón. Las noticias que llegan desde el interior de la provincia confirman que la capital, Oviedo, se encuentra totalmente cercada por las columnas de mineros que, liderados por el diputado socialista Belarmino Tomás y bajo la dirección política del diputado Ramón González Peña, han descendido de las cuencas con un único objetivo: recuperar la ciudad para la República.

Un cerco de hierro y explosivos

Tras la traición del coronel Antonio Aranda, quien el pasado 19 de julio fingió lealtad al Gobierno para desarmar a las milicias y luego declarar el estado de guerra, la respuesta proletaria no se ha hecho esperar. Los mineros, expertos en el manejo de la dinamita, han convertido el asedio en una guerra de posiciones sin precedentes. No hay calle ni edificio de la periferia que no sufra el estruendo de los cartuchos, que suplen con creces la falta de artillería pesada de las milicias.

El bastión de los sitiados

A pesar del optimismo que reina en los centros sindicales de Gijón, la realidad intramuros es de una resistencia tenaz. El coronel Aranda ha fortificado puntos estratégicos como el Cuartel del Milán, la Catedral y la zona del Ayuntamiento, convirtiendo el casco urbano en un erizo defensivo.

Es cierto que el suministro de agua ha sido cortado y que la falta de fluido eléctrico sume a la ciudad en la oscuridad absoluta al caer la noche, pero las noticias de deserciones masivas entre los soldados rebeldes son, por ahora, más un deseo que una realidad. Los sitiados, parapetados tras sacos de arena y ametralladoras, mantienen sus posiciones con una disciplina castrense que augura una lucha prolongada y sangrienta.

El factor del tiempo

Mientras la lluvia dificulta las operaciones aéreas y el barro entorpece los movimientos en el monte Naranco, los ojos de ambos bandos miran hacia el oeste. La gran incógnita de esta jornada no es solo si los mineros lograrán entrar en la calle Uría, sino cuánto tiempo podrá resistir Oviedo antes de que las columnas de socorro procedentes de Galicia logren aproximarse a la frontera asturiana.

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