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19 de junio de 1936
19 de junio de 1936
Sociedad de Naciones

Momento de reajuste político y diplomático en Europa ante el levantamiento de las sanciones a Italia propuesto por Inglaterra

La decisión del Gobierno de Francia de secundar la propuesta provoca tensión en el país
Momento de reajuste político y diplomático en Europa ante el levantamiento de las sanciones a Italia propuesto por Inglaterra
Imagen de una asamblea de la Sociedad de Naciones
Por F. Guerra

París. Nuestro corresponsal en Francia, Felipe Guerra, nos cuenta que la decisión de Inglaterra de proponer el levantamiento de las sanciones impuestas a Italia es secundada por el país galo, abriendo una nueva fase en la política europea y centrando la atención de los círculos diplomáticos en Ginebra. El debate se orienta a encontrar una fórmula que permita alzar las sanciones sin renunciar formalmente al principio de no reconocimiento de las conquistas territoriales obtenidas por la fuerza.

En la sede de la Sociedad de Naciones se estudia la posibilidad de mantener la acusación general contra las expansiones territoriales, evitando una mención directa a Italia, con el fin de facilitar su reincorporación plena a la vida diplomática internacional. Esta solución permite salvar el equilibrio entre las potencias occidentales sin una rectificación expresa de las posiciones adoptadas durante el conflicto de Etiopía.

Desde Roma, la rapidez con que Francia sigue la iniciativa británica no causa sorpresa. La prensa italiana interpreta la medida como una consecuencia lógica de la postura anunciada por Londres. El órgano oficioso del Gobierno señala que Italia no guardará rencor a ninguna nación, aunque considera necesario que Ginebra le otorgue una satisfacción moral tras el periodo de sanciones.

La decisión del Gobierno británico provoca críticas internas y el Partido Liberal califica la medida de humillación y acusa al Ejecutivo de rendirse a Italia

En Londres se da por hecho que el memorándum que Italia presenta tras el levantamiento de las sanciones cuente con el respaldo de Inglaterra y probablemente también de Francia. En los medios diplomáticos se estima que este documento puede facilitar un nuevo acuerdo anglo-italiano y allanar el camino hacia un pacto de equilibrio occidental, así como a un entendimiento naval en el Mediterráneo.

No obstante, la decisión del Gobierno británico provoca críticas internas. El Partido Liberal, dirigido por Lloyd George, califica la medida de humillación y acusa al Ejecutivo de rendirse a Italia y de traicionar los compromisos asumidos en el seno de la Sociedad de Naciones. El primer ministro, Stanley Baldwin, defiende la postura del Gobierno ante una amplia manifestación de apoyo al Ejecutivo nacional.

Momento convulso en Francia

En Francia, la política interior se ve sacudida por la disolución de las denominadas ligas patrióticas. Por orden del Gobierno, las autoridades comunican a los responsables de varias organizaciones de carácter nacionalista y paramilitar la disolución inmediata de sus agrupaciones, sin que se registren incidentes. Las ligas afectadas presentan protesta ante el Consejo de Estado, alegando que la medida abre el camino a una grave crisis interna.

El coronel La Rocque, jefe de los Cruces de Fuego, anuncia que su organización adopta una nueva denominación y se constituye como partido político. Advierte que, de persistir la prohibición de sus actividades, el Gobierno se vería abocado a proclamar una dictadura, afirmación que incrementa la tensión en el debate público francés.

Paralelamente, la Cámara francesa aprueba varias leyes de carácter social y acepta incluir en el orden del día próximas interpelaciones sobre política exterior. El ministro de Hacienda informa extensamente sobre la situación financiera del país, anunciando medidas para la defensa del mercado de valores y un llamamiento al ahorro nacional, descartando al mismo tiempo la nacionalización de la banca privada.

En el ámbito internacional, el Gobierno francés confirma que no estará representado oficialmente en los Juegos Olímpicos de Berlín, aunque facilita la participación de atletas franceses a título individual y contempla el apoyo a los Juegos Obreros de Barcelona.

El conjunto de estos acontecimientos refleja un momento de reajuste político y diplomático en Europa, marcado por la búsqueda de nuevos equilibrios internacionales y por una creciente tensión interna en algunos de los principales estados del continente.

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