Tragedia en el periódico La Provincia: una explosión deja dos niños muertos
Las Palmas de Gran Canaria. Una violentísima explosión ha sacudido el edificio donde se hallan instaladas las oficinas, talleres y estación radiotelegráfica del periódico La Provincia, en la calle de Colón, número cinco, causando una honda conmoción en la ciudad. El estallido, que partió del piso alto del inmueble, derrumbó techos y tabiques, lanzó a distancia muros y maderas y produjo graves destrozos tanto en el propio edificio como en varias casas colindantes.
Como consecuencia de la catástrofe han resultado muertos los dos hijos pequeños del administrador del periódico, Eduardo Carqué Gil: Elvira, de cinco años, y Eduardo, de apenas un año, que se hallaban jugando en una de las habitaciones próximas al lugar de la explosión y quedaron sepultados bajo los escombros, presentando fracturas de cráneo y múltiples heridas. Su esposa, doña Elvira Cazorla Rodríguez, sufrió heridas de gravedad. El radiotelegrafista de la emisora, Antonio Caballero, que se encontraba trabajando en la recepción del Servicio Nacional, se salvó milagrosamente, resultando con lesiones leves.
También se registraron heridos de carácter leve en edificios vecinos, entre ellos Dolores Monroy Suárez y el niño Francisco Martín Jiménez, de seis años. El personal de redacción, imprenta y talleres acudió al lugar del siniestro para auxiliar a las víctimas, mientras las autoridades y los servicios de socorro se hicieron cargo de la situación. La explosión produce una dolorosísima impresión en Las Palmas de Gran Canaria, donde el señor Carqué goza de general aprecio.
Instrucción de diligencias
En cuanto a las causas del suceso, no pueden determinarse con certeza. Algunos informes apuntan a un posible fallo en el tubo de gases de las máquinas, que discurre por la chimenea del edificio, si bien desde la dirección del periódico se afirma rotundamente que ninguna anomalía se había observado en las instalaciones, debiendo buscarse el origen del siniestro fuera de ellas. La justicia y la policía instruyen las diligencias correspondientes.
El sepelio de las infortunadas criaturas se verifica, mientras el duelo se extiende entre cuantos conocen al administrador del periódico y se reclama el total esclarecimiento de los hechos.
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