El presidente Azaña permanece en el Palacio Nacional dirigiendo la resistencia del Estado
Madrid. Mientras el eco de los disparos del Cuartel de la Montaña aún resuena en las calles de la capital, en el Palacio Nacional la actividad es incesante. El excelentísimo señor don Manuel Azaña, presidente de la República, no ha abandonado sus dependencias desde que el pasado viernes se confirmaran las primeras noticias de la sublevación en el Protectorado de Marruecos.
Frente a los rumores malintencionados que la radio en manos de los sublevados intenta difundir, la realidad es que el Jefe del Estado se encuentra al frente de sus responsabilidades, en contacto permanente con el Gobierno, y no intentando huir hacia Francia.
Horas decisivas para la formación del Gobierno
Los últimos tres días han sido de una tensión sin precedentes. Tras la dimisión del señor Casares Quiroga el sábado por la noche, el Presidente Azaña trabajó hasta la madrugada para resolver la crisis ministerial. Tras el breve interinato de Martínez Barrio, Azaña ha depositado finalmente su confianza en el señor José Giral, quien desde ayer preside un Consejo de Ministros decidido a dotar al pueblo de los medios necesarios para su defensa.
La firma de los decretos de destitución
En el despacho presidencial se han firmado ya las órdenes más graves de la historia reciente de España. Por decreto de la Presidencia, los generales Franco, Mola, Queipo de Llano y Cabanellas han sido oficialmente dados de baja en el Ejército, quedando desposeídos de sus mandos y sujetos a la justicia por el delito de rebelión militar. Con su firma, Azaña ha dejado claro que el Estado no reconoce otra autoridad que la emanada de las urnas y la Constitución.
Un mensaje de serenidad
Fuentes cercanas a la Presidencia describen a un Manuel Azaña sereno pero consciente de la magnitud de la tragedia que se avecina. El Presidente sigue minuto a minuto el curso de las operaciones en la Sierra y el avance de las columnas que han salido de Madrid. Su presencia en el Palacio Nacional de la capital es el símbolo más firme de la continuidad de las instituciones legítimas frente al asalto de los militares desleales.
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