Se suspende la Conferencia de Bruselas hasta que Francia, Inglaterra y Bélgica se pongan a hablar
Bruselas. A consecuencia de la concertación del acuerdo austro- alemán, así como de la negativa del Gobierno italiano a participar en la Conferencia de Bruselas hasta que no se haga efectivo el levantamiento de las sanciones acordado por la Sociedad de Naciones el día 4 de julio, y por los acuerdos navales vigentes en el Mediterráneo, el Gobierno belga ha comenzado ayer activas negociaciones con Francia y Gran Bretaña.
Esta mañana, Laroche, embajador de Francia, conversó con el ministro de Negocios Extranjeros belga, Spank. El jefe del Gobierno, Van Zeeland, que era el encargado de convocar la reunión de las cuatro potencias locarnianas, estima que su misión ha sido sobrepasada por los acontecimientos, puesto que Italia se niega a asistir. Por ello, piensa que no puede adoptar una decisión mientras París y Londres no se hayan puesto de acuerdo acerca de saber si la Conferencia de Bruselas debe celebrarse o no, puesto que será limitada a tres potencias.
Los últimos acontecimientos diplomáticos han causado en Bélgica gran impresión. En los círculos belgas interesados se considera que Alemania ha realizado con Austria lo que ya había realizado anteriormente con Polonia, y que su acuerdo con Italia acerca del problema de Austria tiene por objeto quedar completamente libre en otra parte.
Recelos hacia Alemania
En dichos círculos se dice que, si es satisfactorio ver a Alemania renunciar a la anexión de Austria, es de lamentar que este acuerdo haya tenido como corolario la ruptura de los acuerdos de Stresa, ruptura que se considera definitiva y se teme porque ello camine, más o menos rápidamente, hacia la reconstitución de la Tríplice.
La opinión belga concede la mayor importancia al problema de Locarno, puesto que todos los ministros belgas han declarado que los acuerdos renanos formaban una base política para la seguridad de su país. Recientemente se ha podido comprobar en Bélgica una tendencia a favorecer las relaciones con Berlín, pero los recientes acontecimientos han cambiado radicalmente este estado de espíritu.
Bélgica desea, más que nunca, una entente todo lo estrecha que sea posible con las potencias que permanecen fieles al espíritu y a la letra de Locarno: Francia y Gran Bretaña. Por lo que Francia, Inglaterra y Bélgica se pondrán al habla ante los acontecimientos.
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