Las fuerzas leales toman Caspe pero la resistencia de los sublevados en la capital aragonesa es firme
Frente de Aragón. Tras días de intensos combates tras el golpe de Estado, el frente de Aragón se define como una guerra de columnas. Los hechos ocurridos confirman que, si bien las milicias procedentes de Cataluña han logrado objetivos estratégicos, la resistencia de las fuerzas sublevadas en la capital aragonesa es firme.
La toma de Caspe y el control del Ebro
El control de la ciudad de Caspe ha quedado finalmente en manos de las fuerzas leales a la República, específicamente de la Columna Ortiz (anarquista). La captura de este nudo de comunicaciones no fue un repliegue espontáneo de los sublevados, sino el resultado de tres días de duros enfrentamientos contra la Guardia Civil y elementos civiles armados que apoyan el golpe.
El general sublevado Miguel Cabanellas, jefe de la Quinta División Orgánica en Zaragoza, envió refuerzos desde la capital para intentar socorrer a los defensores de Caspe y frenar el avance hacia el Ebro. Sin embargo, estas tropas de socorro se vieron obligadas a replegarse ante la superioridad numérica de las milicias y la ventaja de sus posiciones defensivas. Con la consolidación de Caspe, la República asegura un punto clave para el suministro de las columnas que operan en el sector sur.
Operaciones en la Sierra de Alcubierre

En el sector norte, la aviación republicana ha intensificado sus operaciones. Se confirma un bombardeo sobre posiciones rebeldes en la localidad de Alcubierre, un enclave fundamental para el control de la carretera que une Huesca con Zaragoza.
Aprovechando el castigo aéreo, grupos de milicianos han logrado alcanzar posiciones en la Sierra de Alcubierre. No obstante, el avance se está ralentizando. La falta de formación militar de las milicias y la organización de las defensas nacionales en los alrededores de Zaragoza están convirtiendo lo que se preveía como una marcha rápida en un asedio estático.
Estado actual de la contienda
Mientras que en localidades de la retaguardia republicana como Alcañiz la autoridad se ha restablecido sin grandes combates, la realidad en la línea de fuego es de estancamiento.
Las fuerzas de Cabanellas en Zaragoza han logrado fortificar los accesos a la ciudad. A fecha de hoy el ímpetu inicial de las columnas catalanas se ha frenado a unos 30-40 kilómetros de la capital, configurando una línea de frente que amenaza con prolongarse durante los próximos meses.
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