Las fuerzas leales capturan a 400 prisioneros en Somosierra y los sublevados retroceden 14 kilómetros
De nuestro corresponsal en el frente. En Somosierra y otros parajes de la Cordillera, son diezmadas las columnas sublevadas de Valladolid y Segovia; y las fuerzas leales a la República les han capturado 20 camiones, más de 400 prisioneros y abundante material de guerra. El resto de la columna rebelde huye a la desbandada y es perseguida de cerca por los republicanos, tanto que los sublevados que trataban de llegar a Somosierra se han visto obligados a retroceder 14 kilómetros.
Rápido avance
Las fuerzas de Asalto que componen el quinto grupo y las milicias ciudadanas, unos 500 hombres al mando del comandante de Asalto Murillo, iniciaron un rápido avance por las montañas de Navacerrada, limpiando de rebeldes todas las laderas y rechazándolos después de cinco horas de un combate que fue ganando el terreno palmo a palmo por parte de los leales al Gobierno.
En el mismo alto de Navacerrada, las fuerzas de Asalto se hicieron con un cañón y una camioneta cargada con víveres, municiones, telescopios y otros útiles de observación de guerra y numeroso material.
Largo Caballero en la Sierra
Según nos han informado, del bando fiel a la República solo ha resultado un guardia herido, muy leve; mientras que las columnas sublevadas han sufrido gran cantidad de bajas, dejando abandonados numerosos heridos en su huida.
Terminada la operación, al lugar donde se encontraban las fuerzas leales llegó Francisco Largo Caballero, quien les felicitó con entusiasmo y pidió explicaciones de cómo había sido el combate y el modo en que terminó.
El diputado socialista quiso comprobar si las comunicaciones no estaban cortadas para hablar por teléfono con la Dirección de Seguridad y solicitar víveres y agua para los combatientes. Además, un restaurante de la Sierra les entregó carne, embutidos y otros alimentos.
La columna leal se concentra en Collado Mediano
Las milicias y las fuerzas de Asalto recibieron la orden de concentrarse en Villalba, para iniciar mañana la acción de conquista de las montañas que circundan Madrid por la parte del Alto del León.
Hasta Collado Villalba también llegó un segundo grupo de fuerzas de Asalto completo, numerosos milicianos, la artillería del Regimiento que actuó en la toma de Guadalajara y el Regimiento de Infantería de Castilla llegado de Badajoz, sumando un total de 6.000 hombres.
El discurso de Manuel Azaña
Por otro lado, Manuel Azaña, presidente de la República, ha pronunciado por radio unas palabras condenatorias de la insurrección y otras de agradecimiento y estímulo a las fuerzas leales y milicias populares que «combaten por la causa de la ley, la libertad y la República». A continuación transcribimos parte de sus manifestaciones:
«En estos momentos de violencia, cuando se ha desencadenado contra el poder legítimo de la República una agresión sin ejemplo, yo no diré una palabra más de violencia. Voy a decir solamente palabras de aliento y gratitud.
De aliento, porque la causa de la República está triunfante. Podéis estar seguros todos los que lucháis por ella de que vuestro esfuerzo no será baldío y que de vuestro sacrificio y de vuestro heroísmo saldrán la República y España más fuertes e indisolublemente unidas con sus libertades.
Los que han promovido este golpe de fuerza contra el poder público, esta agresión contra la ley, este alzamiento en armas, no conocen al pueblo a quien pretenden sojuzgar. En estos días, el pueblo está escribiendo la epopeya de su libertad.
Gratitud y admiración hacia los combatientes
He de deciros, como ya os lo ha dicho el Gobierno, cuál es nuestra gratitud y nuestra admiración por los que combaten en favor de la República: los Cuerpos y unidades del Ejército que se han mantenido fieles al régimen, la Guardia Civil, la Aviación republicana, que con tal sacrificio derrama su sangre defendiendo la libertad del pueblo español. Y las muchedumbres populares, expresión clara, manifiesta y auténtica de lo que es el valor de la noble alma española, son los que están defendiendo el régimen.
Y aquellos causantes de este destrozo, los que llevan sobre sí la horrenda culpa de que por ellos se vierta tanta sangre y se causen tantos destrozos, ¿no están ya convencidos de que su empresa ha fracasado? ¿Hasta cuándo van a tener al país en armas? ¿Hasta cuándo van a tener escandalizado el mundo, haciéndonos verter a todos lágrimas de dolor por las víctimas inocentes de la ambición y el delito?
Contad conmigo como habéis contado siempre, para todo lo que es la ley, para todo lo que es el régimen y para todo aquello a que mi deber me llame. Ayudaos unos a otros, redoblad los esfuerzos, combatid con furor, con fe, y mañana tendremos, con la paz y la justicia restauradas, un régimen vigorizado y la promesa segura y para siempre inquebrantable de que los hechos no se repetirán y de que España saldrá de esto permanentemente unida a la República y a la libertad».
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