El espejo de Europa en la trágica situación española
Madrid. Mientras el eco de las descargas de fusilería aún resuena en los barrios periféricos de Madrid, Barcelona, y Sevilla, las cancillerías europeas observan con contenida respiración el desarrollo de los acontecimientos en la Península. Lo que comenzó como un pronunciamiento militar local amenaza ya con alterar el delicado equilibrio de fuerzas en un continente todavía herido por la Gran Guerra.
La gran incógnita que recorre las embajadas de la Castellana es la posición de las democracias occidentales. En los círculos cercanos al Palacio de Santa Cruz se aguarda con ansiedad una señal de París. El triunfo del Frente Popular en Francia hace apenas unos meses hace suponer que el Gobierno del señor Léon Blum no permanecerá indiferente ante la suerte de un gabinete de signo similar en Madrid. ¿Cruzará el material bélico francés los Pirineos para auxiliar a la legalidad republicana?
Sin embargo, el factor que más inquieta a los observadores neutrales es la geopolítica del Mediterráneo. El control del Estrecho de Gibraltar y las noticias que llegan – aún confusas – sobre el paso de tropas desde el Protectorado de Marruecos, ponen a Gran Bretaña en una situación comprometida. Londres, siempre celosa de sus rutas imperiales, observa con recelo cualquier movimiento que pueda fortalecer la influencia de otras potencias en la zona.
Afinidad ideológica con Roma y Berlín
Al mismo tiempo, no escapa a nadie la afinidad ideológica que los militares sublevados guardan con los regímenes de Roma y Berlín. Aunque no existen pruebas fehacientes de una intervención directa en estas primeras 48 horas, la prensa internacional especula sobre si el Eje verá en la contienda española una oportunidad para expandir su esfera de influencia hacia el Atlántico.
La gran pregunta que flota en el aire no es ya quién vencerá en las calles de España, sino si nuestro suelo se convertirá en el campo de pruebas de una lucha ideológica a escala continental. Por ahora, el silencio oficial de las potencias es la nota dominante, pero es un silencio cargado de preparativos. El destino de la República parece hoy indisolublemente ligado a la rapidez con la que Europa decida, o no, intervenir en este conflicto que ya ha dejado de ser estrictamente doméstico.
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