La flota y la aviación republicanas hostigan a las fuerzas rebeldes que tienen bajo su mando a Mallorca e Ibiza
Valencia. Nuestro corresponsal en Valencia informa de que mientras en la Península los frentes de combate se perfilan con sangre, la situación en nuestras islas ofrece hoy un panorama de división y extrema gravedad. Tras una semana desde el inicio de la sublevación, el mapa de las Baleares ha quedado fracturado, convirtiendo nuestras aguas en un escenario de guerra abierta.
El triunfo de la sedición en Palma e Ibiza
La capital mallorquina permanece bajo control militar absoluto desde la mañana del 19 de julio. Fue el general Manuel Goded, comandante exiliado en la Isla, quien proclamó el estado de guerra en Palma antes de partir en hidroavión hacia Barcelona, donde su aventura terminaría en fracaso. Sin embargo, en Mallorca la maquinaria ya estaba en marcha: la guarnición, apoyada por la Guardia Civil y elementos falangistas, neutralizó rápidamente cualquier resistencia.
En Ibiza, la situación ha seguido un camino similar, quedando la isla blanca en manos de los sublevados casi de forma inmediata. Por el contrario, la isla de Menorca, y singularmente la base naval de Mahón, se mantiene firme en su lealtad al Gobierno de la República, lo que sitúa a las Islas en un estado de mutua vigilancia y amenaza.
La vida en la capital: orden y represalia
En las calles de Palma se respira una calma tensa impuesta por el nuevo mando militar, ahora bajo la dirección de oficiales que han sustituido a Goded. Las detenciones de destacados dirigentes sindicales, políticos del Frente Popular y autoridades civiles no han cesado desde el primer día. El Castillo de Bellver y otros recintos han comenzado a llenarse de detenidos, mientras los nuevos bandos de guerra advierten de severas penas para quienes no acaten la nueva autoridad.
Ataques desde el aire y el mar
La respuesta de la República no se ha hecho esperar. Durante las últimas jornadas, la aviación republicana, con base en Barcelona y los hidroaviones de la Marina, ha realizado incursiones sobre la bahía de Palma y la base de Pollença. Estos ataques, aunque de objetivos limitados, buscan hostigar a las fuerzas rebeldes y preparar el terreno para una posible contraofensiva.
Por su parte, la flota republicana patrulla intensamente el canal de Mallorca, tratando de imponer un bloqueo que impida la llegada de pertrechos a los sublevados. Desde el aire, los aviones gubernamentales han lanzado también proclamas instando a la población y a la tropa a abandonar la causa de la rebelión, asegurando que el Gobierno central recuperará el control del archipiélago en breve.
Capturas en alta mar
La eficacia de los patrulleros y destructores leales a la República ha quedado demostrada con la interceptación de diversos yates y embarcaciones menores que intentaban burlar el cerco. Entre los episodios más destacados de estas jornadas se encuentran el apresamiento del yate Magdalena con un grupo de personas vinculadas a la conspiración en Palma, el vapor Atlante, convertido por las circunstancias en una suerte de prisión flotante para trasladar a los capturados hacia la base fiel de Mahón, en Menorca, o la interceptación de la motora Miguel, con oficiales que intentaban enlazar con la zona de influencia facciosa en el sur.
Nombres y cargos bajo custodia
Tras los registros realizados por las dotaciones de la Marina de Guerra, se ha procedido a la detención y traslado a Barcelona y Mahón de figuras clave que se encontraban en plena huida como el Marqués de Zayas, líder de la Falange en Baleares y capitán de Artillería, diversos capitanes y tenientes de infantería que, tras asegurar el control de la ciudad, pretendían actuar como correos hacia la Península para coordinar ataques con las fuerzas del General Mola, y propietarios de yates de recreo y empresarios locales vinculados a la financiación del golpe.
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