Crónica de una madrugada trágica: el fracaso de la conciliación
Madrid. La última luz de esperanza para evitar el derramamiento de sangre entre hermanos parece haberse extinguido esta madrugada en el despacho del Sr. Martínez Barrio. En un esfuerzo desesperado por salvar la paz civil, el nuevo jefe del Gobierno intentó una aproximación personal con el general Emilio Mola, jefe de las fuerzas sublevadas en Navarra.
A las cuatro de la mañana, en un Madrid en vilo y bajo la sombra de la movilización obrera, Martínez Barrio estableció contacto telefónico con la capitanía de Pamplona. El presidente, en un gesto de extrema flexibilidad, llegó a ofrecer al «Director» de la asonada la cartera del Ministerio de la Guerra en un gabinete de unidad nacional.
La respuesta del general Mola, fría y tajante, no dejó lugar a la equívoca esperanza de los mediadores: «Usted tiene sus masas y yo tengo las mías. Si nosotros hiciéramos un pacto, habríamos traicionado a nuestros ideales y a nuestros hombres. Un abismo de sangre nos separa».
Dimisión de Martínez Barrio
Con estas palabras, la vía política se ha dado por muerta. El intento de Martínez Barrio por formar un gobierno de «centro» y reconciliación ha colapsado ante la intransigencia del cuartel y el clamor de las milicias que, en la Puerta del Sol, exigen ya la entrega inmediata de armas. Este fracaso en la negociación ha provocado la dimisión del Sr. Martínez Barrio. La palabra, a partir de ahora, parece que la tendrán únicamente los fusiles.
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