El general Fanjul se subleva en el Cuartel de la Montaña y ha declarado el Estado de Guerra en Madrid
Corresponsal en Madrid. La capital de la República despierta hoy en un clima de tensión absoluta y una incertidumbre que corta la respiración en cada esquina de la ciudad. Tras horas de febriles rumores y movimientos militares en las guarniciones de África y el norte, la noticia ha estallado con la fuerza de un proyectil: el General Joaquín Fanjul ha tomado el mando del Cuartel de la Montaña y ha declarado el Estado de Guerra en Madrid.
Fanjul vestido de paisano
La jornada comenzó con una actividad frenética en los alrededores de la montaña del Príncipe Pío. Según informes de testigos presenciales, el General Fanjul logró introducirse en el acuartelamiento a primeras horas de la mañana, burlando la vigilancia porque iba vestido de paisano. Una vez dentro, se vistió el uniforme del ejército. Al mismo tiempo llegaron numerosos elementos fascistas y oficiales retirados del ejército.
Los soldados fueron encerrados en las campañas, y únicamente se les dotó de casco de acero, pues no les fueron facilitadas ni armas ni municiones. Las ametralladoras fueron entregadas a los elementos que habían entrado en el cuartel, lo que hace indicar que la oficialidad tenía escasa confianza en la sumisión de los soldados. Un nutrido grupo de oficiales y numerosos jóvenes falangistas y monárquicos han acudido al cuartel para sumarse a la insurrección.
Declaración desafiando al Gobierno
Desde las almenas del edificio se ha hecho pública la proclamación que pone a la ciudad bajo control militar, desafiando abiertamente la autoridad del Gobierno del Frente Popular. Fanjul espera que este sea el primer dominó que caiga en una cadena de adhesiones de otros cuarteles madrileños, como los de Carabanchel o Vicálvaro.
Sin embargo, la respuesta no se ha hecho esperar. Mientras las sirenas de las fábricas atronaban el aire, miles de obreros y milicianos han comenzado a concentrarse en las inmediaciones de la Plaza de España y la Rosaleda. El Gobierno, tras una noche de crisis ministerial, ha ordenado el reparto de armas a las organizaciones sindicales. En estos momentos, el Cuartel de la Montaña es una isla de piedra rodeada por un mar de pueblo armado y fuerzas de Asalto que mantienen la lealtad al Ejecutivo.
Madrid contiene el aliento
La tensión es máxima. Los fusiles asoman por las ventanas del cuartel mientras, en el exterior, la multitud grita consignas a favor de la República. Se escuchan ya los primeros disparos aislados, un preludio sombrío de lo que muchos temen sea un enfrentamiento fratricida de proporciones impredecibles.
Madrid contiene el aliento. ¿Logrará Fanjul el apoyo del resto de la guarnición o quedará el Cuartel de la Montaña como el último reducto de una intentona condenada al fracaso? La respuesta parece escribirse minuto a minuto en las calles de una capital que hoy no duerme.
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